Hace unas semanas fui la invitada al taller de escritura creativa que imparte la escritora Itziar Sistiaga en la biblioteca del CBA de Irun. Esta experiencia tan literaria comenzó hace 8 meses con una historia curiosa. Por aquel entonces yo seguía el trabajo de @itzisis por instagram, conectaba mucho con sus textos y al mismo tiempo sus metáforas literarias me parecían muy evocadoras a la hora de crear imágenes.

Retos literarios

Itziar de vez en cuando se vuelve un poco kamikaze y crea retos literarios en los que hay 24 horas para que las personas que queramos participar le enviemos una palabra. Después se sube a su bolígrafo-escoba y escribe un relato de unas 20 líneas en menos de una hora (¿cómo te quedas?).

El origen de que yo estuviese en su taller fue uno de sus retos literarios, con perseidas y cigüeña incluida. Cuando leí su historia me inspiró esta ilustración, la compartí en instagram y voilà: la magia blanca de las redes sociales.

* Relato de Itziar Sistiaga:

La lluvia de meteoritos cogió a Teo haciendo el camino inverso, sin miedo, aunque igual de displicente que siempre: «los planes del universo son inescrutables», pensó, mira que morir la noche de las Perséidas… La auténtica revolución hubiera sido hacerlo contemplando la aurora boreal al crepitar del fuego, riendo con la fobia de su mujer a las mariposas que se acercarían juguetonas a la luz. Pero no, el vértigo rompió la cuerda con la que practicaba sokatira en su día a día, y una cigüeña plateada cubierta de estrellas bajó por él cual jote para llevárselo bien lejos.

-Sola, éramos copropietarios -se lamentó ella con su lenguaje adornado de feminismo que le permitía no sentir tanto dolor-. Éramos copropietarios de corazón.

«La resiliencia es la capacidad para adaptarse» susurró Teo antes de desaparecer por completo en la galaxia. Pero la magia es inefable, como el amor, como la fe: ella no le escuchó. Solo el tiempo la ayudó a comprender que la distancia es solo un concepto, una descomposición de espacios, que en vez de geométricos como el cubismo, son emocionales, de piel y alma, y por siempre, allá donde se funden los agujeros negros espaciales, todos acaban formando parte de un mismo lienzo.

A los pocos días de esta sinergía creativa, Itziar contactó conmigo y me propuso ser una de las invitadas de su taller de escritura. Mi miedo a hablar en público y yo dijimos que sí, menos mal, hace un mes del taller y todavía se me dibuja una sonrisa al recordarlo.

 

3, 2, 1… Acción

Hablar sobre diseño e ilustración en un espacio tan creativo fue muy nutritivo pero lo mejor fue verles en acción escribiendo sobre algunos de mis dibujos, imaginación en estado puro revoloteando a la velocidad de la luz. Es curioso como las ilustraciones a veces dicen más de las personas que las observan que de la persona que las ha ilustrado y surgen ideas tan diferentes en torno a una misma imagen. Para muestra un botón.

Comparto con vosotras los relatos que escribieron inspirándose en esta ilustración:

ilustración tsunami emocional

Corazón

Corazón empieza con la letra C: C de cielo, de coraje. de cordura, de cariño. Me gusta la letra C: es como una boca abierta de la que escapa el grito, y la risa, y el suspiro, y estas palabras de amor.

Cuando cuentes mis canas,
cúbreme el corazón con cuentas de colores
y no confieses mis culpas.
Cuando cuentes mis canas,
cántame una canción de cuna
y cuéntame un cuento.
Cómprame un collar de cornalina.
Consígueme clavelinas y caléndulas.
Cultiva en mis colinas y en mis cumbres.
Cosecha en mi corteza ciruelas y cerezas
y cómelas conmigo.
Camina en mi camino compañero
y mi casa, será tu casa.

Los hilos del corazón

Miraba fijamente su copa de vino, color burdeos, -claro, pensó, burdeos, de que otro color podría ser el vino- mientras una lágrima caía por la mejilla. Recordaba momentos más felices, en los que tomaba el vino en compañía, pero no con una sonrisa, sino con una mueca de dolor. Su cabeza empezó  a analizar los porqués, las preguntas de costumbre. ¿Por qué te acercaste a mí? ¿Por qué me hablaste de amor? ¿Por qué todavía hoy, a pesar del tiempo, no me sueltas? ¿Por qué te creí? Esta era siempre la última pregunta, ya que en ese momento, la rabia, la ira y la desesperación se apoderaban de ella. 

Deseó estampar la copa de vino sobre la pared blanca del salón, mientras en su mente bombeaban con fuerza las palabras “te odio”. Pero se contuvo, -luego me toca limpiarlo- susurró. No podía ni desahogarse. Soltó bruscamente la copa sobre la mesa y la impotencia se hizo con ella. La sacudió como una fuerte ráfaga de viento sacude un abeto cargado de nieve. Esta cae al suelo mientras el abeto se mantiene firme. Sofía sintió que todos sus sentimientos agresivos eran sacudidos, pero ella no se mantuvo, sino que se desplomó. Cayó  en el suelo junto a la mesa, todos sus músculos flácidos y sin fuerzas, y rompió a llorar desde lo más profundo. Un llanto sin consuelo y liberador, como si las lágrimas que fluyen copiosas expulsaran del cuerpo toda la angustia contenida. Cuando el gran aguacero paró y ya sólo quedaban las últimas gotas que anuncian el fin de la tormenta, sus pensamientos se dirigieron hacia sí misma, hacia su corazón herido. Volvían a su mente esas dos palabras, pero ahora de forma interrogativa, -¿te odio?, maldita sea, te amo-. Sabía que de esto no se iba a curar. Habían enredado su corazón en una madeja de hilos con la que él había jugado y que, ahora, se desangraba a falta de esa mano tutelar.  Todo había cambiado. Ella había cambiado. Ya nunca sería capaz de confiar en nadie, -nunca, lo prometo- se dijo tomando de nuevo su copa.

Títeres de espino

Alika, la más bella, vende su corazón desde el atardecer por las calles del Born. Siempre a un comprador diferente. A aquel que mejor puje por sus latidos. Las manos, dueñas de intereses no compartidos, manejan a voluntad las lanas que envuelven las arterias, los músculos y tejidos. Títere inerte, cierra ojos y abre piernas. Los dedos en el cuello que aprietan sin llegar a ahogar, pero que le obligan a enfrentarse a un mirar vidrioso y lascivo. Marioneta de sueños eclipsados por vallas injustas que suman víctimas y separan territorios, pero que no anulan orgullos.

Al clarear, lo encierra entre dos plásticos como si quisiera apresar su olor para que lo rancio no inunde el armario. Con él empuja al fondo las tristes prendas que la condescendiente beneficencia le ha entregado hoy sin mirarla de frente, como toca cada primer jueves del trimestre. Prepara el vestido de luz y color que en unas horas estrenará para cantar en la iglesia. La caricia pasa de la seda brillante a las ásperas sábanas del cuartucho de alquiler. Entre ellas, el pasaje que tuvo que pagar por cruzar a pie todo un continente, Gasira, la que es valiente, la que no nació del amor, pero vive envuelta en él. La que crecerá obligándose a deshacer los nudos, que cada noche, atan a su madre a cabeceros de mil camas ajenas.

Corazón de lana

Cuando nos conocimos me sorprendió que tejieras, no se por qué. Nuestros comienzos fueron algo tormentosos pero pronto me hiciste ver que solo tenía que adaptarme a tu forma de trenzar la vida a tu medida.

Estando juntos, ya entregado por completo, pude sentir poco a poco la comodidad de vivir a tu lado. Yo era un hombre de temple frío, lento, pero contigo llegó la tibieza, el amparo de tu tramar. Fuiste abrigando mi corazón, tejiendo alrededor de él con habilidad y determinación.
Yo amaba aquellos dedos que bailaban sin pausa y así, pasado un tiempo mi bomba vital quedó envuelta en tu hilar, cómoda, protegida. Ni me dí cuenta de que estaba siendo sustituida a tu albedrío, se fue disolviendo hasta desaparecer, todo lo que quedó fue la malla de lana,
tu labor, tu arte, tu deseo.

Llegaron tiempos de tormenta, de batalla, de sufrimiento. Nuestra pareja se resintió y pude comprobar que tu carácter no tenía la misma paciencia que tu saber hacer.

No supe o no pude lidiar con tanta lucha. Mi antes fuerte corazón ahora era cálido y confortable, pero resistía peor. No aguantó tanto embate y comenzó a perder puntadas, algunos hilos iban soltándose y quedó bastante maltrecho para cuando tú ya amenazabas con irte. Hasta que al
llegar a casa y no ver tus madejas y tus agujas se rompió del todo.

Ahora es invierno, siento un frío atroz. Me palpo el pecho y no noto aquél añorado calor. Ha habido varias mujeres después de ti, pero todo ha salido mal. Culpa mía, siempre, les hice daño.
Pero cómo explicarles que los hombres con un corazón de lana roto ya solo podemos querer en trozos pequeños.

El tierno corazón fucsia de Alicia estaba en las manos del perverso narcisista de Enrique. Su vida era como la de una marioneta hasta que
dijo basta. Mientras su novio dormía, soltó todos los hilos que le ataban a su tirano. Por fin es libre como una pájara del diente y vive sus sueños con pasión.

A Claudia y a todas las Claudias

Sientes envidia. Te descubres a ti misma, tan sorprendida como triste. Caes en la cuenta de que jamás pronunciarás unas palabras ni parecidas.

Estáis celebrando, en familia, las bodas de plata de tu tía Carmen y de su marido. Os habéis emocionado al escuchar como ella agradece, una vida en común de amor y complicidad. No has podido evitar las comparaciones.

No olvidas los tantos y tantos momentos, en los que tu exmarido estuvo ausente, en los que te mintió, te abandono o te abusó. Nunca te dio tu lugar. No te consideró una compañera sino más bien una enemiga.

Respiras profundo y concluyes que al final, la única mirada posible entre vosotros era de mirar para otro lado, que su mano ya no podía coger la tuya por encontrarse ocupada, sujetando sus propios miedos.

Recuerdas, con una mueca en tu boca, cuando tu mejor amiga te dijo: ¿Y tú como es que te enamoraste de ese imbécil? Fue la pregunta más cruda y sin embargo más terapéutica de tu vida.

Pasaste de ser víctima a ser dueña y jefa de tus dudas. Asumiste tu responsabilidad y comenzaste a hacerte promesas a ti misma.

Ahora tienes la certeza de que por muy oscura que sea la noche, ésta es la garantía del amanecer. Te felicitas a ti misma por haber viajado a los lugares más recónditos de tu corazón, para deshacer los nudos de dolor, de desenredar el ovillo. Con el hilo viejo de tus recuerdos y poco más, unas manos hechiceras tejen y tejen para que la sístole y la diástole de tu órgano cardinal golpeen, de nuevo tu vida.

La voz potente de Rocío Jurado parecía reírse de él desde la radio “ se nos rompió el amor de tanto usarlo “ decía la canción. Luis sintió aumentar la angustia sobre su pecho. ¿Era eso lo que le había pasado a Elena y a él?. El, había vivido con el convencimiento de estar dentro de un matrimonio perfecto. ¿Como podía haber estado tan ciego?. La presión del pecho se le fue subiendo por la garganta, haciendo que le resultara imposible, el simple hecho de respirar. Quiso poder llorar, soltar esa cortina de lágrimas que le quemaban los ojos incapaces de salir. ¡Ojala! pudiera meterse los dedos para liberarlas.

– Es lo mejor para todos. – Le había dicho Elena. ¿Mejor para todos? Desde luego no mejor para él. – Vivimos dentro de un matrimonio vacío, no existen terceras personas, nosotros somos los únicos culpables – Había insistido. ¿Culpable? El no se sentía culpable de nada. Se había pasado toda su vida trabajando, por y para su familia.

En una curva estuvo a punto de salirse de la carretera. Paró el coche en el borde y se bajó a trompicones. Sentía un enorme dolor en el pecho. Como si una mano gigante le hubiera arrancado el corazón y jugara con él, como si fuera un “yo yo” sólo que cada vez que bajaba, este se deshacía un poco más.

-Nos organizaremos para que puedas ver a los niños todo lo que quieras – Había insistido Elena en tono razonable. Sólo que él, no quería ser razonable. Quería gritar con toda su alma. Quería vivir con sus hijos, no verlos en horas de visita. Sintió las lágrimas correr por su cara como la avalancha de un río. Lágrimas sanadoras que arrastraban dolor y pena. Lágrimas que exigían perdonar y pedir perdón. Que le abrían las compuertas del alma, demostrándole, que en la batalla por su vida, se había dado por satisfecho con la plaza conquistada. Olvidando, que las guerras se ganan, con estado de sitio y reconquista diaria. Se juró, que aprendería de los errores cometidos. Pelearía día a día por sus hijos y lucharía con todas sus fuerzas, para que la mano que ahora le oprimía, en un futuro, volviera a arropar y dar calor, a su maltrecho corazón.

Corazón desgarrado

Donde me doy cuenta de que intentar que una persona entienda lo que su cerebro no esta preparado para entender, es un fracaso absoluto.

El agua del organismo es atraída por la luna. Cuando se siente un fracaso, sobre todo el que es irreversible, la luna se empeña más en remover el agua; al final es un tsunami interno que estalla el cerebro. No hay cordura, no hay relajo. La adrenalina se mezcla con el tsunami y la borrachera esta servida.- ¿Se la pongo en vaso o en copa?- mejor déjalo ahí, ya me serviré yo.

¿Donde empieza la locura? ¿Donde acaba la tristeza? ¿Tener miedo es lícito? No, cuando lo buscado es hallado. No hay perdón para los pobres de espíritu, se ahogan, nadie los salva porque no existe un clamor de auxilio. Se apagan sus gargantas con la sequedad de la mediocridad.

Llaman amor a la calma, a la pausa. Pero el verdadero amor está en el lamento, en el grito, en la histeria, en el temblor, en la rabia. Llévame lejos, no quiero saber más de ti. Sim embargo vuelvo una y mil veces y ahí está la pared para estriparme contra ella, recoger las tripas y volver a empezar de nuevo.

Se disipa la ternura, escapa el alma, se esfuma. ¿Es la muerte? no, es la vida, la alcanzas con una mano y la sueltas con la otra. llora, llora sin consuelo, para eso tienes lagrimas, no te quejes.

El corazón de Rosa

Un verano más, el tercero, nos dimos el gustazo de unas vacaciones en Baleares. Rosa, tan solidaria como siempre, eligió el Sahara por segundo año consecutivo; además, amplió los quince días de la experiencia anterior, al mes completo de julio. Nuestras referencias al calor achicharrante, del que mucho sabía ella, no le hicieron mella.

Sin coche, en beneficio de playa y discotecas ibicencas, desayunábamos al límite de tiempo para saltarnos la comida y solazarnos en la playa. De noche, contoneábamos el esqueleto hasta las tantas, en la disco. Solo nos faltaba el humor de Rosa para estar las cinco inseparables. “Inseparables Marías” nos llamaban, en la Uni, en alusión a nuestras risas locas, a pesar de que conocieran nuestro desinterés por la hierba.

El 1 de agosto, le dimos una sorpresa en el aeropuerto.
Yuuuuu, Rosaaaaa –gritamos a una sola voz.
–¡Qué alegría!, mentirosas, me veía solita en un bus hasta casa.
–Pareces una nativa, morenaza –exageró Marta.

En ruta, Rosa se puso trascendente y nos contó su día a día. En contraste con nosotras, desayunaba temprano, comía regular y cenaba una pieza de fruta. Se acostaba a las tantas, pendiente de los sueños infantiles. El tercer día se le acercó un payaso y le ofreció sustituir a una titiritera, en un pequeño papel. Recordó sus pinitos en el Topik de Tolosa y se ilusionó. De pronto, calló y sacó un sobre de su bolso al albor de unas lágrimas sonrientes. ¿El motivo?, un dibujo dedicado, A Rosa, por su gran corazón, en el que se veía una mano que sujetaba los hilos del que pendía un corazón.

En el país de Lulumka jamás

El corazón se resiste a ser una marioneta de la razón.
En la palabra corazón, pareciera que la razón tuviera una parte razonable.
Con razón se critica a Descartes su “pienso luego existo”.
Algunos lo defienden porque el filósofo, en pienso, ya consideraba el siento.
Ni por pienso; difícilmente el corazón se deja manejar.
Estos hilos de Lulumka son muy débiles,
En cualquier momento, parece que van a abandonar a quien los mueve.
Que el corazón, libre de ellos, va a emanciparse y emocionarse por su cuenta.
El corazón, quizás mejor las tripas, sabe por qué uno se emociona.
Está claro que pienso y siento, coexisten inseparables.
No pueden vivir el uno sin el otro. Es la esencia de lo humano.
Como la marioneta no puede danzar si no hay dedos que la muevan.
Sístole y diástole, diástole y sístole.
Corazón de hilos entretejidos que conducen el riego sanguíneo
Necesario para vivir, conviviendo sentir y razón,
Hilos sangrantes que forman aurícula y ventrículo.
En ventrículo también están vientre (las tripas), y culo (su final).
Culo: lugar por donde parece que piensan algunos insensatos.
Así nos luce la vida.
Con éste y otros dibujos, Lucía nos hace propuestas para pensar.
Reflexionemos con ella en el país de Lulumka.
Jamás dejemos que nadie sienta ni piense por nosotros. ¡Jamás!

En el país de lulumca jamás

En este país, alguien se lucía jugando con el amor y los sentimientos. Lo mismo tejía corazones con hilos finos enmarañados que, por medio de lanas con apariencia de tripas, hacía marionetas cordiales.

Como mis emociones se afincan más en las vísceras sub-estomacales, me pareció un acierto esta idea de hacer de tripas corazón.

Pero, a pesar de Descartes, tanto el corazón como las tripas se resisten a ser marionetas de la razón. Su pienso, luego existo, debiera completarse: Existo porque siento y pienso.

Ni por pienso, nadie debiera dejarse manejar.

Sentimiento y razón deben saber y poder convivir para lograr una vida plena. Aurículas y ventrículos, sístole y diástole, debieran orientar el ritmo vital de cada ser. Al igual que en corazón están cor y razón, en una entente cordialmente razonable, en ventrículo están vientre (tripas) y culo (su final); también el lugar por donde parece que piensan algunos insensatos. Con cabezas como las de ellos, ¡así nos luce la vida!
A punto de liberarse de los dedos que han construido y puesto en marcha este corazón de tripas, pareciera ya listo a emanciparse y emocionarse por su cuenta. Dejemos que palpite por sí solo y sintamos la emoción que oriente nuestro raciocinio. Es la esencia de lo humano.

Animemos a lulumka a que siga diseñando estas propuestas que invitan a la reflexión. Y jamás dejemos que nadie piense por nosotros. ¡Jamás!

Y rompió a llorar…

Y rompió a llorar, prometiéndose que jamás le perdonaría haberle tratado como una marioneta, y haber jugado durante tanto tiempo con sus emociones de aquella manera.

Se habían conocido diez años antes y cada vez se querían más. Tenían una vida perfecta, o eso pensaba al menos ella. Sin embargo, los dos últimos años estaban siendo un poco más difíciles. Él trabajaba a deshoras y se ausentaba de casa de manera recurrente. Le había convencido que la razón era el aumento de trabajo y un inminente ascenso que no terminaba de llegar. Ella lo aceptó, al igual que también accedió a decir adiós a su deseo de ser madre. De manera inconsciente siempre terminaba pareciéndole bien todos los planteamientos de él. Ella decía que se complementaban perfectamente: ella con su caos y él, con su racionalidad.

Pero lo cierto era que más que complementarse mutuamente, ella llenaba, sin darse cuenta, inocentemente y de una manera totalmente dependiente emocionalmente, los huecos de una doble vida que él había construido durante años. Aun y todo, ella le entendía, le defendía, le admiraba… le amaba.

Hace un mes, buscando en el ordenador unas fotos, encontró una carpeta con tres imágenes, solo tres. Pero bastaron. En ellas él aparecía con su compañero de trabajo, con aquel con el que tantas veces se había tenido que quedar trabajando y había llegado tarde a casa. Con aquel que se disputaba el ascenso. Con aquel que era un cabrón y un gilipollas. Pero aquellas tres fotografías más que peleando por el ascenso ponían de manifiesto que lo que había entre ambos no era precisamente odio.

Mil gracias a Lola, Maxi, Miren, Santiago, Ana, Ana R, Javier, Sabino, Iria, Elena, Patricia, Bene, Loly, Natalia, Espe, Xabi, Juan, Lander, Alicia e Itziar por escribir palabras que despeinan el mundo.

lucia calvo

Kaixo, soy Lucía! Diseñadora gráfica e ilustradora para proyectos con valores. Ayudo a personas, marcas y proyectos que pedalean hacia una sociedad más tierna, feminista, solidaria y sostenible a comunicar todo su valor través de un diseño gráfico e ilustración tejido a medida.

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